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El gen competitivo de River contra el hambre de títulos de Central, con la mira en la Libertadores

15 diciembre, 2016
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Cómo llegan los millonarios y el conjunto rosarino para la gran final de este jueves en Córdoba, desde las 21.10

«No hay nada más peligroso que no arriesgarse«, dijo alguna vez Pep Guardiola. La sentencia, santo y seña de una manera de interpretar el fútbol, le da sentido a lo que ocurrirá aquí esta noche. El riesgo que afrontarán River y Rosario Central es inmediato y futuro. Tienen delante de sí la bendita oportunidad de obtener un título -el primero local en la prolífica era Gallardo, el primero en 21 años para los rosarinos- pero también, el agujero negro que provocaría la derrota. De cómo gestionen esa doble condición depende el guion de la película que escribirán en un estadio repleto con 57 mil personas y que terminará con la coronación del nuevo campeón de la Copa Argentina.

El combustible de jugar una final es suficiente para alimentar las horas previas: no hacen falta discursos rebuscados ni apelaciones emotivas para aguijonear a un futbolista en una instancia así. Lo explicó bien Manu Ginóbili durante los Juegos Olímpicos de Río, dándole a la testosterona su justa dimensión: «Pensamos que todo se gana con huevos y no, se gana jugando bien, y a eso hay que agregarle huevos«. ¿Saldrán a cazarse como si el hambre de victoria no les permitiera especular? ¿Lo que tienen por ganar será un impulso mayor que el temor a lo que tienen por perder?

Ninguno de los dos llega en un buen momento: River arrastra la frustración superclásica, Central acumuló sólo dos triunfos en 13 partidos en el semestre. Y, antes que eso, cargan con demasiado tiempo sin que el juego represente lo que sus entrenadores pretenden. Marcelo Gallardo y Eduardo Coudet se asoman también a una situación particular: nadie asegura que el entrenador de River seguirá en 2017 y, del otro lado, esta final parece enmarcar la despedida del Chacho.

En medio de esas dudas, los dos tratarán de asirse a lo que mejores resultados les ha dado. Con todos sus cambios de apellidos en dos años y medio de trabajo, el River de Gallardo ha sido siempre reconocible por su fortaleza mental y su gen competitivo. Un dato: de las 29 series y partidos eliminatorios que disputó, se impuso en 23; una efectividad en los mano a mano del 79%. Asombroso. Coudet también sufrió la salida de primeros actores (Donatti, Cervi, Larrondo) y la lesión de un líder (Pinola), pero mantiene viva la sociedad Lo Celso-Marco Ruben, de lo mejor del fútbol argentino, con los aportes que cada tanto suma a la causa Teo Gutiérrez. Y cuenta con un antecedente inmediato de valor: aquí mismo supo cómo vulnerar a Boca en los cuartos de final, sobreponiéndose a la carga que el plantel traía de la polémica final entre ambos del año pasado.

El otro ítem que hace especial al partido es el pasaje que entrega a la Libertadores. Se trata del último tren que pasa rumbo a la competencia continental, y no subirse dejará secuelas. Emocionales, deportivas y, si le preguntan al contador de cada club, también económicas: no entrar en la Copa implicará dejar de ganar alrededor de 30 millones de pesos (al cambio de hoy) sólo por derechos de TV de la primera rueda.

Demasiados argumentos como para que se dejen seducir por la letra de Joaquín Sabina y vayan al frente: «Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena», canta el buen hombre.

Loustau concentrará todas las miradas de la noche

Tras el escandaloso arbitraje de Diego Ceballos en la última final, Boca 2 vs. Central 0, esta vez será Patricio Loustau quien impartirá justicia. «Ésta es la clase de partidos que todo árbitro desearía dirigir. Lo pongo en un lugar preponderante de mi carrera», dijo.

Habrá un suculento premio para el campeón

Recibirá 3.511.000 pesos y acumulará 9.181.000 por todo el torneo. También se llevará un cupo para disputar la Copa Libertadores en 2017 y pugnará el año próximo por la Supercopa Argentina, con el vencedor del campeonato de 30 equipos.

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