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Gallardo: «Hemos puesto la vara bien alta y no reniego de eso»

23 enero, 2017
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El DT de River afirma que «la Libertadores es la gran ilusión» para 2017 y remarca: «la clave de todo es que logramos forjar una mentalidad ganadora más allá de cómo está el equipo»

El técnico que cambió la historia moderna de River es de esas personas que transmiten la sensación de estar siempre trabajando. Un adicto al trabajo, workaholic según el lenguaje estadounidense. Marcelo Gallardo espera a la nación para la entrevista con la imagen reflexiva que irradia con naturalidad. Se lo nota pensativo, una foto común en él cuando no está dirigiendo un entrenamiento. Confiesa que muchas veces le pasa que está viendo televisión, o manejando el auto, o preparándose un café, o lo que fuere, y se le viene a la cabeza una jugada posible, o una acción que vio en algún entrenamiento y que le gustaría corregir. «Me cuesta desenchufarme. La verdad que me cuesta», confiesa, todo vestido de River, pero con un reloj deportivo celeste y negro que contrasta con el blanco y el rojo dominantes en su ropa de fajina.? Gallardo lee libros cada vez que puede. «Me regalan muchos», dice. De fútbol, de cuentos, o novelas. El último que leyó, repasa, es «La noche de la usina», una novela de Eduardo Sacheri. «Me gustó, esta buena. Habla de la Argentina del corralito», comenta y en su rostro se dibuja una media sonrisa. Dice, también, que cada vez se lleva «mejor» con los elogios y con las críticas de la prensa y de los hinchas. «Es parte de un crecimiento a nivel personal. Me sentía muy bien cuando elogiaban al equipo en la primera etapa, apenas llegamos a River, pero a la vez desconfiaba porque sabía que en algún momento iba a pasar que iban a decir ‘gana pero no juega bien’. Y terminó pasando. Pero es parte del crecimiento, de los años, que a uno le van dando mayor experiencia», afirma, relajado y con el tono bajo de quien ha salido de una sesión de masajes de manos de un especialista asiático.

-¿A eso lo lograste con la almohada o con terapia?

-No, no. Lo mejoro con el camino que voy recorriendo. Soy muy observador, escucho, hablo poco. Escucho más de lo que hablo. Eso me da más capacidad para reflexionar sobre las cosas que veo.

-En diciembre pusiste en duda tu continuidad. ¿Volviste con las mismas o con más pilas?

-Volví con muchísimas ganas. Si no, no podría hacer este trabajo. Al mismo tiempo, volví diferente. Volví con ganas de seguir contribuyendo a una evolución pero de una manera en la que también pueda disfrutar del momento o de los momentos, cosa que en estos últimos años no me puse a pensar.

-¿Y cómo pensás lograr ese disfrute?

-Sobre todo intentando darse cuenta de que esto es un privilegio, que no cualquier club se puede dar el lujo de hacer una pretemporada acá. Tratando de disfrutar eso. Vivirlo más allá de la vorágine de los resultados. Me parece que está bueno poder encarar una pretemporada con una visión diferente, que me haga sentir que estoy disfrutándolo, desde el viaje hasta la espera en los aeropuertos, en los micros, yendo a las prácticas. Que eso sea placentero.

-¿Una versión más relajada y más zen de Gallardo?

-(Se ríe) No creo… porque después, cuando empieza la competencia, uno a la esencia no la cambia. Veremos.

-En River se vive una rareza. Los futbolistas que no juegan no se quejan y los que son pretendidos por otros clubes, como Mayada, Arzura o Domingo, y tienen la chance de ser más protagonistas en otro club, tampoco quieren irse. ¿Cómo se logra eso?

-Bueno… Creo que tiene que ver con que hemos logrado sostenernos con un mensaje muy pero muy firme en cuanto al sentido de pertenencia. Los jugadores no son idiotas. El jugador sabe que más allá de si jugás o no jugás, la posibilidad de jugar la vas a tener porque en este club siempre tenemos muchas competencias por delante. Después, queda en cada uno aprovecharla o no. El respeto y el afecto con el que nos tratamos nos hace sentir que el que no juega va en una misma línea, en un mismo sentido,. Y el futbolista entiende que está en un club que le ofrece todas las posibilidades. Me encanta que los jugadores manifiesten que no se quieren ir de acá. No por una cuestión de la comodidad, sino por el sentido de pertenencia.

-¿Se armó una pequeña gran familia?

-Se generó un gran vinculo, de trabajo, de compañerismo, de respeto. Y eso que hemos cambiado mucho porque acá cada seis meses hay que rearmar el equipo. Y con los que no están también seguimos teniendo mucho contacto.

-¿Ese espíritu de grupo es un plus a la hora de jugar los partidos decisivos?

-Sí, creo que sí. Se va consolidando una manera de sentir. Un espíritu de grupo que es fuerte. La clave de todo es que logramos forjar una mentalidad ganadora más allá de cómo está el equipo, por encima de si el equipo está en una buena o una mala tarde. Es muy fácil en nuestro medio desequilibrarse, cuando ganás y cuando perdés. Empezás a ver un montón de cosas que antes no veías. Y es muy fácil desequilibrarse o que te desequilibren cuando pasás un mal momento porque las criticas suelen ser duras. Y así como te elogian en las buenas, las críticas suelen ser muy duras en los malos momentos. Después, te sostienen esas cosas, ese espíritu y esa mentalidad ganadora que construimos entre todos.

-¿Eso se construye en los entrenamientos?

-En todos lados, es algo que de un día para el otro empieza a flotar en el aire. Pero acá los entrenamientos son con todo, nadie se guarda nada. Entrenamos como jugamos. Más de una vez me pasó de tener que parar entrenamientos porque forjábamos tanta agresividad para jugar que terminábamos lastimándonos entre nosotros. Los jugadores que llegaban para sumarse se mostraban asombrados por el compromiso y la intensidad con que se entrena. Y eso está muy bueno.

-Pasó varias veces que River estuvo al borde de la cornisa en lo deportivo. Por ejemplo, cuando en la Libertadores que ganaron en 2015 estuvieron a punto de quedarse afuera en la primera ronda. ¿Cuál es el secreto que los llevó a levantarse siempre?

-Tiene que ver con esto que te decía. Si no hubiésemos forjado un fuerte mensaje y una fuerte mentalidad, sería fácil desestabilizarse.

-¿Tu River compite mejor de lo que juega?

-A ver… Estéticamente depende de muchos factores. De nosotros se está siempre esperando algo más. Siempre te exigen más. Y está bien que pase eso, pero reconozcamos que vivimos en un fútbol argentino muy dramático. Si quieren hacernos creer que el único objetivo que sirve es ganar, eso está instalado desde hace muchísimos años. Cuando lográs ganar, después te exigen jugar bien. Por eso nunca hay un conformismo absoluto. Cuando están esperando algo más, está bueno porque eso quiere decir que tenés el desafío de ir en busca de algo más. Pero sería bueno que se mida en igualdad de condiciones a todos, porque hay equipos que salen campeones y siguen siendo campeones por muchos años sin hacer más que eso. Pero nosotros hemos puesto la vara bien alta y no reniego de eso.

-Aquellos siete partidos iniciales de tu ciclo, en los que el equipo sorprendió combinando victorias con actuaciones de alto vuelo, ¿les terminaron jugando en contra en cuanto al tema de la exigencia?

-Es verdad. Reconozco que en el fútbol argentino es muy difícil sostener un buen juego en continuado. Nuestro fútbol es uno de los más difíciles del mundo. Cuando mostrás algo diferente, todos le apuntan a querer bajarte. Es muy competitivo el fútbol argentino y sostenerse es muy difícil. Nosotros lo hemos intentado. Me encantaría que pasara y es lo que busco, pero no se puede jugar bien siempre. La hermosura estética permanente es imposible. Cuando no podés jugar bien, hay que tener otras alternativas y no quedarte con eso. Mas allá de que me gusta una idea, para la mayoría lo único que interesa es ganar.

-¿En el último tiempo te relajaste en cuanto a eso? En el sentido de que, si no logran jugar bien en lo estético, al menos consiguen ganar.

-No. Si algo no soy, es conformista. No me conformo con tener un equipo competitivo y nada más. No me siento cómodo con eso. Sin embargo, a veces me voy satisfecho cuando siento que me voy representado por mi equipo.

-¿Cuándo te ocurrió eso?

-Ahora empiezo a rescatar los momentos. No me voy totalmente frustrado si el equipo no juega del todo bien porque el fútbol argentino son momentos. Hay que ser inteligentes para potenciar los buenos momentos y nosotros hemos ido mutando en estos últimos años, con claros procesos de cambios permanentes. Cada seis meses te tenés que estar renovando, barajar y dar de nuevo. Tenés que armar el equipo, ganar y jugar bien. La perfección me encanta y voy en busca de ella, pero sé que es muy difícil lograrla.

-¿Es bueno o malo que Boca no juegue la Copa Libertadores?

-A mí, sinceramente, me gusta que nosotros juguemos la Copa Libertadores; los demás, ni me van ni me vienen.

-¿Qué buscás con el nuevo sistema táctico con tres marcadores centrales en el fondo?

-Me puede aportar variantes, pruebas, jugadores con características diferentes y que se puedan adaptar a diferentes alternativas de sistemas. Estos momentos son para ver, para probar, para evaluar.

-¿Tu temor es que los mediocampistas que van por afuera a no logren despegar tan rápido y que el arco rival a veces les quede lejos?

-Si no podemos sostenernos con los jugadores que deben darnos profundidad por los costados, tenemos que ser más profundos por adentro. Quiero lastimar por adentro y por afuera, que el equipo tenga alternativas y que no tenga una sola vía de ataque.

-A Augusto Batalla lo confirmaste rápido como titular. ¿Qué cosas le ves?

-Ante todo, la confirmación va de la mano de las respuestas futbolísticas. Si considero que sigue mejorando más allá de los errores cometidos, va a tener mi respaldo. Y al mismo tiempo va a tener que competir, no solo él sino todos. Es la manera de crecer también, yo no le puedo asegurar la titularidad definitiva a ningún jugador. Desde ahí, yo les doy mi respaldo a todos.

-¿Es un pequeño lujo tener como dupla delantera a Driussi y a Alario?

-Hoy están los dos con muchísima lucidez futbolística y con confianza. Ojalá que sigan así. Tenemos a dos de los mejores delanteros del continente sin ninguna duda.

-Ante la chance de que los vengan a buscar desde el exterior a mitad de año, cuando se interrumpirá la Copa Libertadores, ¿ya tenés que pensar en alternativas?

-Sí, es algo que contemplo. Siempre busco alternativas porque sabemos que nuestro mercado es vendedor y sabemos también que en algún momento se nos van a ir.

-¿Martínez Quarta es el juvenil que mejores impresiones te causó en el último tiempo?

-Es un chico que en su momento habíamos subido a Primera y que habíamos llevado al banco en algunos partidos. Después sufrió la lesión (rotura de ligamentos cruzados) y le costó volver. Y ahora, cuando tuvo la chance, la aprovechó. Por ahí se adaptó más rápido con nosotros que lo que venía mostrando en la Reserva y eso es algo bueno porque habla de que no le falta personalidad.

-El primer partido oficial del año pondrá en juego un título: la Supercopa Argentina frente a Lanús, quizá el 4 de febrero en Mar del Plata. ¿En qué lugar ubicás a ese partido dentro de los objetivos del año?

-Lo pongo como el primer desafío más urgente. Vamos a empezar a competir oficialmente con ese partido, y nos estamos preparando para él. Después, no se sabe cuándo va a empezar el campeonato local y a mediados de marzo comenzaremos la etapa de grupos de la Libertadores, que será nuestro gran desafío. Tenemos que ver cómo volvemos a rodar en el campeonato y tratar de meternos en la pelea porque todavía falta mucho. Y la Libertadores es la gran ilusión, claro.

A un toque

Cómo sería dirigir a Messi: «No lo analicé sinceramente, pero como amante del buen fútbol, como espectador, sí digo qué grandioso sería tener a un tipo como Messi dentro de un equipo de fútbol».

Cuando surgió su nombre para la selección: «No voy a negar que me llenó de orgullo el hecho de estar entre aquellos entrenadores que el común de la gente valoraba dentro de las posibilidades, pero no pensé más allá de eso».

La situación rumbo a Rusia: «Lo que se ha vivido hasta ahora ha sido bastante difícil, pero la realidad también indica que tenemos mejores futbolistas que muchas de las otras selecciones que pelean por un lugar para clasificarse. Lo que tenemos que hacer es que esos mejores jugadores se conviertan en un verdadero equipo que nos haga sentir identificados».

Su análisis de porqué en Inglaterra se arriesga más: «Es una cuestión cultural y de respeto. Los jugadores allá son respetados. Mientras vos dejás todo, la gente te apoya. No está eso de ganar a vida o muerte y eso hace que el juego sea más fluido, que el fútbol sea un espectáculo. La puesta en escena ha sido esa. En estos años que hemos ido viendo al fútbol europeo, le ha sacado ventajas a otras ligas. Acá estamos a años luz de eso».

Su futuro después de River: «Cuando me vaya de acá, voy a tomarme un respiro para volver a salir y ver las cosas desde otro lugar y ver un proceso bueno. ¿La liga de Francia? No lo sé. Veremos dónde será».

Fuente: La Nación

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